Universalismo, excluidos y transformaciones institucionales

     Una de las mayores preocupaciones de los profesionales en desarrollo integral es llevar los avanzos hasta todos los miembros participantes del proceso. Es el momento en el que el concepto del universalismo, es decir, garantizar la distribución del desarrollo humano de modo amplio y equilibrado, gana fuerzas. Según Lafer (2004, apud VIGEVANI; JÚNIOR, 2008, p. 6), el universalismo representa “la pluralidad de los intereses del Estado y de la sociedad” y “las afinidades históricas y políticas representan la preocupación en diversificar al máximo las relaciones externas de un país”.  Para que se pueda obtener éxito en esta práctica es necesario que los Estados reconozcan y superen sus diferencias culturales en favor de la implementación de un modelo justo de desarrollo, además de la identificación de grupos menos favorecidos que sufren con la desigualdad ante el restante de la población. A partir de esos factores, es posible empezar a pensar acerca de la aplicación del universalismo y sus desafíos y consecuencias.

     En el continente americano, es notable la diferencia entre los países, con la presencia de grandes países desarrollados – como Canadá y los Estados Unidos -, intermediarios – Argentina, Brasil, México -, y de aquellos que cuentan con condiciones precarias, los casos de Haití y Costa Rica, por ejemplo. Para que haya la implementación del universalismo, es necesario disminuir las diferencias existentes entre estos países, aunque se sepa que es un proceso muy complejo y que demanda tiempo además de otras condiciones, como la financiera. Por eso, a pesar de la dificultad en llevar los demás Estados americanos a un alto nivel de desarrollo, las organizaciones competentes esperan, por lo menos, mejorar las condiciones de las poblaciones, en especial la calidad de vida (PNUD, 2016).

     Para ello, es fundamental los estudios e informaciones sobre las poblaciones locales para identificar los principales problemas en los diferentes países y tener una acción más eficaz y direccionada. El principal medidor del desarrollo es el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y enseña de una buena manera las diferencias existentes entre los Estados americanos, considerando el nivel de renta, expectativa de vida y nivel de alfabetización. Según el Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas de 2015, Estados Unidos presentó un índice de 0,915 en 2014 (8º global), mientras Brasil tuvo 0,755 (75º global) y Haití 0,483 (163º global). Para comprender las diferencias se debe tener en cuenta las condiciones, historia y cultura de los países, cada uno con sus especificidades y necesidades. De ese modo, como dicho anteriormente, el combate a los problemas de desarrollo debe pasar por el análisis de las poblaciones menos favorecidas de los países, como mujeres, inmigrantes, indígenas y hasta las poblaciones más jóvenes y más viejas (PNUD, 2015).

     De ese modo, hay, actualmente, una serie de medidas que han sido elaboradas y sugeridas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en las cuales están presentes indicaciones en varios sectores de la sociedad. En el área laboral, se puede encontrar medidas de reglamentación del trabajo informal, fortalecimiento de pequeñas y medias empresas e incentivos a las actividades en el campo; sobre el sector financiero, se recomienda que haya la expansión de actividades bancarias hacia los menos favorecidos y marginalizados, como la población rural, y el aumento de créditos a sectores no tan explorados, como hace Brasil al incentivar sectores industriales para la exportación. Ya en el área del desarrollo humano en su origen, están medidas como la alimentación de los niños en las escuelas, programas de ampliación de salud, como distribución de medicinas y vacunas, y recepción a los inmigrantes para prepararlos al mercado del país de destino así como en la sociedad – situación vivida ante los flujos de emigrantes bolivianos, haitianos y mexicanos. Así, esas son las principales recomendaciones del PNUD para que se pueda alcanzar niveles más equiparados de desarrollo (PNUD, 2016).

     Pero, para que se puedan adoptar correctamente a esas acciones, las instituciones deben pasar por cambios estructurales. El problema principal en la actualidad es la distribución desigual de poder, en la cual las potencias no están dispuestas a abdicar de su posición de ventaja en favor de una mayor participación de los demás Estados. Además, esa distribución desigual ocasiona un problema muy grave tanto en el ámbito externo como interno, la corrupción, responsable por pérdidas financieras y votaciones tendenciosas. De esa manera, se puede tomar algunas medidas para la ampliación del multilateralismo en las organizaciones, como la combinación entre proveer bienes públicos y las responsabilidades compartidas entre los países en relación a ello, además de la necesidad de ampliar las capabilities en busca del desarrollo sostenible. Los cambios también pasan por el sector económico. Se busca aumentar los créditos del Fondo Monetario Internacional (FMI) a los países endeudados para intentar mantener la estabilidad financiera global, además de redistribuir las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) visando una mayor transparencia entre sus miembros, así como una reforma en el régimen global de propiedad intelectual para desarrollar las transferencias de tecnología hacia un número más amplio de países (PNUD, 2016).

     Así, además de todos esos desafíos para cambiar las instituciones con el propósito de alcanzar el universalismo, este también cuenta con sus propias barreras en el campo social. Primero, es necesario superar las identidades propias, algo difícil de pasarse en América, una vez que tenemos una identidad muy distinta de la América Anglosajona, así como un gran debate acerca de la identidad brasileña, si se encuadra en la latinoamericana, ejemplo de superación de las particularidades nacionales. Por fin, los problemas de exclusión – ya tratados en el texto – que, a pesar de las medidas en favor de grupos marginalizados, estos siguen sufriendo en sus sociedades tanto por parte de la población como por el propio Estado. Por lo tanto, el universalismo se configura como un importante punto en la búsqueda del desarrollo, pero es necesario que haya esa serie de cambios para que camine de forma más rápida y eficaz (PNUD, 2016).

REFERENCIAS

PNUD. Informe sobre desarrollo humano. UN Plaza, Nueva York, Estados Unidos. 2016.

PNUD. Ranking IDH Global 2014. 2015. Disponible en: <http://www.br.undp.org/content/brazil/pt/home/idh0/rankings/idh-global.html&gt;. Acceso en: 07 sept. 2017.

VIGEVANI, Tullo. et al. O papel da integração regional para o Brasil: universalismo, soberania e percepção das elites. Revista Brasileira de Política Internacional, ?, v. 51, n.1, p. 5-27, 2008. Disponible en: <http://www.redalyc.org/html/358/35811693001/&gt;. Acceso en: 07 sept. 2017.

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair /  Alterar )

Foto do Google

Você está comentando utilizando sua conta Google. Sair /  Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair /  Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair /  Alterar )

Conectando a %s